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Publicado el lunes 22 de
septiembre del 2008
Cubanos sufren el abandono
del gobierno tras paso de huracanes
Redacción de The Miami Herald
PLAYA GUARDALAVACA, Cuba
Alfredo Pérez no piensa separarse de su martillo esta
noche.
Sin un techo que lo proteja, como muchos en esta villa
junto al mar, el martillo es la única protección que
tiene para evitar que le roben pedazos de ladrillos,
clavos oxidados y viejas vigas de madera que usa para
reconstruir su vivienda "poquito a poquito''.
Es difícil encontrar suministros e incluso los clavos
oxidados son un bien preciado en todas las provincias
del oriente cubano, entre las más afectadas por el
huracán Ike, que golpeó la zona con Categoría 4 o 5.
"Esto nos atrasa un siglo'', dijo Pérez de la
devastación de Ike en Cuba, que todavía depende mucho de
los coches de caballos para el transporte masivo.
Lo que los fuertes vientos de Ike no arrebataron a la
familia Pérez, quedó a merced del mar. La vivienda, como
muchas otras en Guardalavaca, está a pocos pasos del mar
color azul turquesa.
"¿Usted sabe lo que hace una bomba atómica?", preguntó
José Armando León, de 72 años, parado en un campo
abierto donde antes se levantaba su casa en la zona
rural de Banes. "Eso fue lo que sucedió aquí. Es como si
hubieran lanzado una bomba y lo hubiera destruido todo''.
La ferocidad de la destrucción de Ike en la isla ya no
es noticia para los vecinos que han vivido las
consecuencias durante los últimos días. Comprenden la
magnitud del huracán, el hecho de que más de 444,000
viviendas quedaron dañadas en todo el país, 932 de ellas
en la provincia de Holguín. Saben que la tormenta causó
ocho muertos y que miles de hectáreas de plátano y caña
de azúcar quedaron devastadas.
Pueden enfrentar el no tener techo y agradecen que
pueden encontrar albergue en casa de vecinos, familiares
y en las escuelas. El hambre no es un gran problema
porque los vecinos comparten los alimentos y cocinan
grandes cantidades de arroz y plátanos en las escuelas.
Lo que quieren saber los vecinos es cuándo comienza la
reconstrucción. Les preguntan a familiares y a gente que
llega de zonas urbanas.
La falta de servicio telefónico alimenta los rumores
cuando los vecinos que van de un poblado a otro cuentan
lo que han escuchado.
Algunos dicen que los líderes locales les han informado
que el gobierno venezolano está contando las viviendas
sin techo y que despachará suministros y trabajadores.
Otros se aferran esperanzados a rumores de que a algunas
iglesias en otros países les permitirán llevar una
cantidad masiva de donaciones a las zonas remotas.
Pero mientras esperan por noticias de los suministros,
la mayoría de las familias ha comenzado a arreglar sus
casas, a despejar carreteras y a levantar postes del
tendido eléctrico, aunque no son constructores ni
electricistas.
"Estamos ayudando hasta que el gobierno pueda venir, es
nuestro deber'', dice Hugo Alberto Betancourt, de 80
años, mientras con otros tres trataban de levantar un
poste de hormigón en una zona rural de Banes.
Afuera del cercano pueblo playero de Gibara, a sólo 30
minutos de camino al oeste de Banes, José Ricardo, de 32
años, lavaba un carromato en un arroyo que cubría lo que
normalmente es la carretera que sale del pueblo.
Cuando las aguas bajen un poco, él y otros vecinos
limpiarán las alcantarillas que evitan que la carretera
se inunde, de todos los escombros que dejó Ike. Dijo que
los vecinos no tienen problemas en arreglar ellos mismos
el camino en ausencia de la ayuda del gobierno.
"Lo hacemos por el bien de todos'', afirmó. "¿Sabe usted
lo que es quitarse los zapatos y arremangarse los
pantalones para caminar en el agua todos los días?"
Alfredo Pérez tampoco pierde tiempo en decidir qué
pedazos de madera son lo suficientemente largos para
usarlos en el techo. Su esposa Irene, de 60 años, caminó
todo el vecindario tratando de encontrar cucharas, tazas
y ropas que el mar empujó tres cuadras más arriba de su
casa.
Irene se lamenta de haber perdido esas cosas esenciales
y las fotos de la familia que tenía en las paredes de su
casa. La familia fue evacuada a la ciudad de Banes,
donde edificios de hormigón resistieron mejor la
tormenta. Dice en voz baja que no ha hablado mucho desde
Ike.
"Creo que si abro la boca se me escapará el alma por la
boca'', dice mientras sus ojos azules se les anegan en
lágrimas.
Cuando el sol comienza a ponerse Irene se dirige tierra
adentro con otros vecinos para dormir en el apartamento
de unos amigos a más de 30 minutos de camino. Los
hombres de Guardalavaca se quedan a vigilar lo que quedó
del pueblo, iluminado sólo por la luna y los faroles de
los carros que pasan muy de vez en cuando.
Pérez no sabe cuándo le restablecerán la electricidad,
pero desde su casa puede ver el hotel de lujo Las Brisas,
iluminado con generadores. El gobierno cubano ha hecho
énfasis en asegurar el servicio eléctrico a los hoteles
y centros urbanos, para que los turistas puedan gozar de
aire acondicionado y agua caliente.
El periódico oficial Ahora, que cubre Holguín, anuncia
que el esfuerzo se concentra en reparar las
instalaciones turísticas.
"El daño a los hoteles se puede solucionar'', comentó
Fernando Pérez, un representante hotelero, a Ahora. "Tenemos
los recursos necesarios para volver a la normalidad en
poco tiempo y prepararnos para la próxima temporada
turística''.
Calle abajo desde la casa de los Pérez, Villa Bahía, un
restaurante de mariscos y popular bar para turistas,
está cerrado. Empleados del gobierno viajaron desde la
provincia Granma para ayudar en la recuperación,
dedicándose a recoger cualquier pedazo de ladrillo para
reconstruir una pared.
"Si arreglamos esto ahora es bueno para los turistas, y
si es bueno para los turistas, es bueno para nosotros'',
aseguró un trabajador de la construcción llamado Rufino
mientras laboraba.
Pérez pronostica que en un mes ya tendrá el techo
reparado, pero que las demás cosas básicas de la casa
--el colchón, los platos y las tazas-- no sabe cuándo
podrá reemplazarlas.
Mira hacia el mar ahora tranquilo y pronuncia la frase
lapidaria. "La vida no es fácil''.
No se identifica al corresponsal que escribió este
reportaje porque no tiene la visa que le exige el
gobierno cubano para reportar desde la isla.
cuba@MiamiHerald.com |
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