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Bush gana con autoridad su reelección y llama a la unidad

El republicano sumó 3,5 millones de votos populares más que su oponente

La Gaceta / NYT.Washington. No se repitió la pesadilla electoral de 2000, pero se estuvo cerca. El republicano George W. Bush fue reelegido presidente de EEUU en las elecciones del martes con un impresionante apoyo del voto popular y llamó a superar la división del país tras confirmarse su triunfo. Kerry no pudo superar la fuerza de Bush en seguridad nacional ni la confianza que inspira como comandante en jefe.

Hubo, eso sí, suspense y los resultados estuvieron media jornada en el aire, ya que hasta la tarde de ayer el demócrata Kerry se negó a admitir su derrota, al rechazar que el estado clave de Ohio hubiera sido conquistado por Bush. Menos problemas hubo en el Congreso: los republicanos mantienen la mayoría en ambas cámaras, lo que dará mayor libertad a Bush para bajar los impuestos y designar jueces.

El presidente Bush dijo por la mañana estar convencido de haber ganado la reelección pero no declaró formalmente la victoria para dar al demócrata John Kerry "tiempo para reflexionar" sobre los resultados. Finalmente, por la tarde, Kerry llamó al presidente de EEUU, George W. Bush, para reconocer su victoria en las elecciones.

"Felicitaciones, señor"
"Mis felicitaciones, señor Presidente", dijo Kerry a Bush, en una llamada telefónica que duró menos de cinco minutos. Bush calificó de "elegante" la actitud de Kerry y tildó a su contrincante de "oponente fuerte, honorable y valioso". El reconocimiento de Kerry se produjo sólo horas después de haber asegurado que la batalla por los votos del estado de Ohio, clave para asignar la Presidencia a uno de los dos candidatos, iba a ser larga.

Se trata de la primera elección en la que un candidato consigue la mayoría del voto popular en EEUU desde que George Bush padre ganó la Casa Blanca en 1988. Bush hijo, además, ha logrado lo que no consiguió su progenitor en 1992, ser reelegido. A la hora de cerrar esta edición, Bush totalizaba 254 votos en el Colegio Electoral, por 252 Kerry, pero los tres estados en los que no habían sido asignados los votos (Nuevo México, Iowa y el polémico Ohio) eran más o menos claramente de Bush, lo que le otorgaba de facto 286. Para ganar la Presidencia se necesitan al menos 270 de los 538 votos del Colegio.

Bush, quien perdió el voto popular en 2000 frente al demócrata Al Gore, sí ha logrado en estos comicios un amplio respaldo, superior a lo pronosticado. El presidente recibió más de 58 millones de votos, al menos 3,5 millones más que Kerry. Bush habrá obtenido 58.008.304 votos (51%) y Kerry, 54.457.318 (48%). El independiente Nader recibió 388.441 (1%).

En las dos elecciones en las que ganó Clinton (1992 y 1996), sus victorias fueron claras en el Colegio, pero no rodundas en voto popular.

Estado en disputa

Por la mañana, la controversia sobre quién ganó el estado clave de Ohio, amenazaba con convertir las elecciones en un drama similar al que protagonizó Florida en 2000. Bush y Kerry se adjudicaron, respectivamente, los estados de Florida y Pensilvania, los otros dos estados clave.

Los republicanos se otorgaron el triunfo en Ohio, pese a que en ese estado los votos provisionales y un número no contabilizado de votos por correo están aún por escrutar y pueden elevarse a 250.000, cifra superior a la ventaja que Bush decía llevar en el estado (140.000).

La obtención de Ohio daba a Bush una mayoría en el Colegio Electoral que el Partido Demócrata discutió porque aseguraba que aún no se han contado todos los votos. Pero la batalla de Ohio sólo duró unas horas.

La campaña de Kerry afirmó por la mañana en un comunicado que "la votación en Ohio no ha terminado. Más de 250.000 votos tienen que ser contados. Cuando lo sean, creemos que John Kerry ganará Ohio". Los republicanos tildaron de "desesperado intento" la "tentativa" de Kerry de mantener abierta la pugna.

En las elecciones de 2000, todo quedó pendiente de Florida y un recuento que se prolongó 36 días, antes de que lo interrumpiera una decisión del Supremo que adjudicó la victoria al candidato republicano y actual presidente, George W. Bush, por tan sólo 537 votos.

Los demócratas insistían en que no pedían un nuevo recuento como en Florida en 2000, "sino de contar la totalidad de los votos". "Hemos esperado cuatro años, podemos esperar otra noche más. Pelearemos cada voto", indicó el aspirante a vicepresidente, John Edwards. La Casa Blanca, señalaba que Bush tenía una ventaja de 140.000 votos y que el secretario de Estado de Ohio había informado "de que ese margen es estadísticamente imposible de remontar, aun contando el voto provisional".

Confianza antiterrorista

En cualquier caso, la elección del martes, en la que votaron más de 113 millones de ciudadanos, muestra que una mayoría de estadounidenses apoya la política del presidente y valora su liderazgo contra el terrorismo, pese a la actual y desastrosa situación en Irak. Y que tiene fe en la marcha de la economía y en los efectos de losnuevos recortes de impuestos prometidos, pese a los problemas económicos generados bajo la Administración Bush (doble déficit) y el aumento del desempleo.

Y cabe también celebrar la histórica participación electoral, del 58% en un país de tradicional apatía.

Kerry, visto por muchos ciudadanos como vacilante ante el terrorismo, derrochador del dinero del contribuyente y liberal yanqui, no logró que ningún estado indeciso, salvo New Hampshire, cambiara de signo. Los cristianos evangélicos, un quinto de los votantes de EEUU, auparon a Bush y a su propuesta moral conservadora. Pero Bush también elevó su cuota de apoyo entre mujeres, hispanos y ateos.

Según los sondeos anunciados ayer, el miedo al terrorismo y el liderazgo de Bush en este ámbito le dieron la Casa Blanca otros cuatro años. Y eso que se desvió de la tradicional estrategia republicana de Nixon: la clave para que el partido gane la Casa Blanca es presentarse como conservador en las primarias y moverse al centro en las presidenciales.

Bush se desvió y se volcó a la derecha y movilizó a su base electoral predominantemente blanca y evangélica. La gran participación, en contra de lo esperado, no dio el triunfo a Kerry.


Superar la división tras un "triunfo histórico"

En su llamada a Bush, Kerry le dijo que la nación está "muy dividida" y que ambos debían "hacer algo al respecto". Bush estuvo de acuerdo y horas más tarde, en su primer discurso tras ser reelegido, llamaba a la unidad de la nación tras calificar su triunfo de "histórico". "El país debe unirse para lograr los objetivos de seguridad y progreso económico", dijo. "Para hacer este país fuerte necesito vuestro apoyo", reclamó a los que votaron demócrata. Poco antes, Kerry había llamado en Boston a "restañar las heridas abiertas en una amarga campaña". "EEUU tiene una desesperada necesidad de unidad", dijo el demócrata. Y es que las elecciones han ratificado también, como ayer destacaban varios diarios, la polarización y profunda división que existe en EEUU, generada desde 2001. 'USA Today' señalaba que "el desafío para el próximo presidente será unir a la nación" y 'The Wall Street Journal' publicó en primera un detallado análisis de la "profunda división" de la nación. Según su análisis, Bush obtuvo el 55% del voto de los blancos, pero sólo el 10% del voto de los negros. Kerry recibió el 44% del voto de los blancos y el 90% del voto de los negros. El 61% de los miembros de sindicatos votó por Kerry, comparado con sólo el 37% que logró Bush. El 55% de los que votaron por primera vez apoyó al demócrata Kerry, y el 43% al republicano.


El líder demócrata en el Senado, Tom Daschle, pierde su escaño ante Thune


Carl Hulse.Washington. El Partido Republicano logró retener el control en el Senado e incluso amplió su número de escaños en la Cámara de Representantes, en lo que ha sido la contienda electoral más reñida de la historia reciente de EEUU.

En estas elecciones, además de la presidencia, estaban en juego los 435 escaños de la Cámara de Representantes, 34 del Senado y 11 gobiernos estatales, y en cada categoría los republicanos lograron ampliar su margen de victoria.

La votación tiene importancia porque el Ejecutivo no tiene ninguna influencia sobre el Legislativo, que controla políticas tan importantes como la exterior o la económica.

En el Senado, los republicanos tienen ya al menos 54 escaños de un total de 100 (frente a los 51 de antes), lo que supone un aumento de la mayoría que ya disfrutaban. Su control de la Cámara alta ya está garantizado a falta de los resultados en un estado, el de Alaska.

El más importante de todos es el correspondiente a Dakota del Sur, donde el líder de la minoría demócrata, Tom Daschle, ha perdido su escaño ante el republicano John Thune.

Daschle es uno de los senadores demócratas más conocidos, que inclusó llegó a sonar como posible candidato presidencial para los elecciones del martes.

Sin embargo, su derrota se convierte en la primera vez que el líder del grupo parlamentario de un partido en el Senado pierde su escaño en más de medio siglo.

En el Senado, del que se renueva un tercio cada dos años, estaban en juego 34 escaños en estas elecciones, de los que hasta ahora los republicanos han conseguido 18, los demócratas 14 y otros 2 siguen sin decidirse.

Los últimos resultados han dado la victoria al republicano Mel Martínez, en Florida, y el demócrata Ken Salazar en Colorado, que van camino de hacer historia al convertirse en los únicos dos miembros hispanos de la Cámara alta del país. Los hispanos constituyen el 13,8% de la población lo que les convierte en la primera minoría del país y su peso político ha estado latente en las presidenciales.

Además, los keniatas celebraron ayer la victoria del demócrata Barack Obama, cuyo padre era originario de Kenia, y que será el tercer senador afroamericano en la historia de la Cámara alta.

Obamna, de 43 años, es considerado por muchos como un potencial candidato presidencial. De momento, y junto a los dos hispanos, representa un significativo avance en una cámara nada acostumbrada a la presencia de senadores procedentes de las minorías estadounidenses.

Mientras, en la Cámara de Representantes, los republicanos superaron por diez los 218 escaños requeridos para lograr la mayoría, mientras que por ahora los demócratas se han alzado con 199.

Con su victoria, los republicanos consiguen mantener el control de la Cámara baja por doce años consecutivos, la primera vez que logran esta hazaña desde 1933.

Gobiernos estatales
Los republicanos ahora dominan en 28 gobiernos estatales y los demócratas retienen el control de 21, mientras que en el estado de Washington todavía no hay un ganador.

Algunos analistas señalan que el Partido Republicano logró mantener el control de ambas cámaras del Congreso pero con pequeños márgenes de victoria, lo que no impedirá que los demócratas puedan torpedear algunos de sus proyectos más preciados.

La toma de posesión de los nuevos senadores y legisladores tendrá lugar el próximo 3 de enero.

Desde que Bush asumió la presidencia, el control del Senado cambió de manos en dos ocasiones: estuvo brevemente bajo control demócrata en 2001 y, después, en las legislativas de 2002, pasó a dominio republicano. Éstos recuperaron el control de la Cámara baja en 1994, por primera vez en cuatro décadas, y lograron mantener su hegemonía gracias, en parte, a la nueva demarcación de los distritos electorales en algunos estados, así como al creciente predominio de su partido en la región sur.


Seis de los 11 estados reeligen a su gobernador


Seis de los 11 estados que elegían el 2-N a su gobernador dieron la victoria a los candidatos que se presentaban a la reelección, mientras que en Indiana los republicanos le arrebataron el cargo a los demócratas por primera vez en 16 años.
Los republicanos mantuvieron a sus gobernadores en Dakota del Norte, Utah y Vermont, mientras que los demócratas ganaron en Delaware, Carolina del Norte y Virginic Occidental.
Antes de las elecciones, de los 50 estados de la Unión, 28 estaban en manos republicanas y 22 en manos demócratas.

Mientras, en Puerto Rico, los dos candidatos al cargo de gobernador se encuentran en empate técnico, con el 93% de los votos escrutados.
Para que se nombrara un nuevo gobernador en la isla es necesario que el vencedor obtenga una diferencia de 10.250 votos, que no ha conseguido, de momento, Aníbal Acevedo Vilá, candidato del Partido Popular Democrático (PPD), ni el favorito en las encuestas, Pedro Rosselló, del Partido Nuevo progresista (PNP).

Por su parte, el candidato del Partido Independentista Puertorriqueño (PIP), Rubén Berríos, que aspiraba a obtener un mínimo del 3% del apoyo, obtuvo 51.573 votos, lo que supone el 2,67% y que le alejaría de la posibilidad de seguir inscrito como partido.

La ausencia de una diferencia más contundente obligará a la realización de un recuento exhaustivo de los votos que comenzará el próximo 8 de noviembre y cuya fecha límite para ser certificado por la Comisión Estatal de Elecciones del Estado Asociado es el 31 de diciembre.
 
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M.A.R. POR CUBA
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