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La necesaria reflexión de la sociedad
Por Idolidia Darías

22 de noviembre de 2003

Manicaragua, Cuba - www.PayoLibre.com - La población mayoritariamente pobre de Cuba sufre penurias permanentes. Es frecuente oír quejas sobre las carencias materiales y alimentaria entre los habitantes de la isla que reclaman mejor alimentación y otros precios, y nada más.

Cuando estos reclamos se hacen frecuentes, las estructuras del gobierno orquestan un proceder que tiene como inicio una reunión para analizar la opinión del pueblo, luego un recorrido de varios dirigentes para verificar los planteamientos y por último la celebración de una feria agroalimentaria donde aparecen camiones y carretas cargadas de plátano burro, boniatos, calabazas y otros vegetales que venden en plena calle a pura usanza medieval. Parece a simple vista que se resolvieron los apremios del pueblo.

Pero... quienes caminen por las calles con ojo crítico y agudeza en la observación se enfrentan a los más variados modos de luchar por la subsistencia. Desde el anciano que compra dos boniatos, porque están muy caros y él sólo puede resolver con su escaso dinero el almuerzo del día, hasta el padre que no tiene lo suficiente para comprarle al hijo una libra de carne de cerdo, un pollo o una paletica de helado, padecen por igual el inevitable stress, que produce vivir cada día con la incertidumbre del mañana y el agobio que causa el día vivido ayer.

Todos, aplastados, insatisfechos, desesperanzados, ansía un pedacito de algo que les haga olvidar su cansancio cósmico, por eso, al final del día no se resisten a la malvada tentación de extender la mano con un jarro ante el vendedor de cerveza a granel que expenden en las pipas situadas en las calles.

La música estridente, junto a las conversaciones desaforadas de los consumidores del liquido adulterado, tibio y ácido por los imperativos que produce comprar mucho por si se acaba, conforman un espectáculo bullanguero, primitivo en que las reyertas tumultuarias son el preámbulo de la noche que ofrece al segundo capítulo de una novela, donde lo absurdo hace cotidiano el proyecto de vida de cada cubano de hoy.

El mundo íntimo de cada familia inicia entonces la pesadilla de saber que en cualquier momento entra el hombre de la casa borracho, agresivo, iracundo por los efectos del liquido espantoso pidiendo comida, atenciones. Los niños, aburridos, porque la T.V. no satisface los universos infantiles se hacen los desentendidos de la tormenta que se avecina y buscan en la calle cualquier motivo para alejarse de las iniciales lloviznas que empiezan a caer cuando el padre empieza a gruñir, a tratar de hilvanar una frase coherente. La mujer, ama de casa y que trabaja todo el día fuera de ella pero regresó cargada de preocupaciones, tiene que inventar la ración de sus hijos para la tarde y la merienda escolar del día siguiente. No encuentra el alimento nutritivo, apropiado y lo tiene que basar en pan, alguna croqueta indescriptible o en el mejor de los casos un huevo hervido. Luego viene el sueño para la familia: tumultuoso para el ebrio; inocente para los niños que todavía no saben cuestionarse cuanto les cuesta de caro el futuro; angustiado para la mujer que solo escucha los ronquidos del compañero de cama y siente en sus sienes los latidos de una naciente migraña e hipertensión, lógica desde luego en un organismo que nunca puede decir -mañana voy a estrenarme un vestido nuevo para que mi esposo me vea bonita, que no puede decir el próximo fin de semana iré a un parque a pasear con mis hijos, conversar con las amigas, compartir un almuerzo sustancioso, tomar una simple cerveza de latica de las que venden en las tiendas área dólar, un chocolate, un caramelo...

Al día siguiente, temprano en la mañana, la prensa radial cuenta sobre los éxitos de la agro alimentaria que hubo en le poblado, de los quintales de plátano burro que se vendieron, de 40 pollos que sirvieron de disputas para los primeros 20 compradores, de las libras de carne de cerdo que a precios "aceptables", o sea 16 pesos la libra, se vendieron en todos los lugares habilitados para esto, y de la esperada actividad bailable con música al aire libre que cerró tan "aceptado modo de satisfacerlas demandas de la población". Aunque parece sencillo ese final, no lo es. Con una cara de la moneda no es recomendable quedarse. El asunto acepta mirar otras, porque otra cara puede ser, y de hecho es que... la doctora del hospital municipal no se pudo sentar un minuto durante las 24 horas de guardia. Atendió varios ciudadanos, tanto mujeres como hombres porque la excesiva ingestión de bebidas alcohólicas provocó reacciones adversas. Atendió varias personas hipertensas, tres o cuatro heridos con armas blancas u objetos contundentes producto de reyertas, y varios niños afiebrados a causa de un nuevo virus "que anda por ahí acabando con todos" y que encuentra siempre el mejor pasto en organismos débiles y de deprimido sistema inmunológico por las carencias de vitaminerales y alimentos básicos para la formación de un ser sano y equilibrado.

Otra cara puede ser que un padre de familia no admita ni tan siquiera comprar una jarra de cerveza porque considera inapropiado hacerle el "juego al juego' y con los puños apretados regrese a la casa donde la esposa espera con una sonrisa triste de pobre mujer para decirle que pese a todas las angustias hay que seguir adelante e inventar el método para no enajenarse ante tantas miserias humanas, ante tanta pobreza estatalmente impuesta, dictatorialmente decretada.

También puede ser que los jóvenes, con el rostro contraído, perdidos en el mar de la inseguridad no sepan cuestionar cuanto les va debiendo en esperanza de vida el tirano que les arrancó a sus padres, a él y a los hermanos menores los sueños, los anhelos, la capacidad para amar a su patria, para comprometerse por ella, para hacer que cambie todo, para que el sol los ilumine a ellos, jóvenes, aun salvables en medio de tanto desarraigo, y tantas heredadas pérdidas de valores, de conceptos, de amor.

Pero la cara de la moneda que nunca puede ser es la de conformarse con ser tristes granos de arena de una playa sombría, objetos manipulables, incapaces de reflexionar que a todos los pueblos les llega la hora de la libertad. Si esta se busca convencido de que un cambio es posible.

Desde Manicaragua, Lic. Idolidia Darías, Centro de Prensa Escambray.
 
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M.A.R. POR CUBA
(Madres y Mujeres Anti-Represión)
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