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GINEBRA: 2004
Reflexiones de Sylvia G. Iriondo
A pesar de los recursos empleados por evitar nuevamente la condena en la
Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, el resultado de la
votación fue nefasto para el régimen castrista, que no esperaba salir
derrotado nuevamente.
La República de Honduras presentó la Resolución, la cual fue co-patrocinada
por 35 países. Después de intervenciones ante el pleno por parte de
Irlanda, China, Estados Unidos, Rusia, Zimbabwe, Congo, Cuba, Togo,
Sudan y Chile, se pasó al voto sobre la Resolución. Se vivieron minutos
de gran tensión hasta que apareció proyectado en la pantalla el
resultado final de la votación: 22 votos a favor; 21 votos en contra; 10
abstenciones… Habíamos ganado y la sala se dividía en dos grupos
separados por barreras de emociones diversas.
Por una parte, júbilo. Júbilo al pensar en las víctimas de las
violaciones de derechos humanos perpetradas por el régimen de Fidel
Castro; al pensar en todos esos hombres y mujeres encarcelados
arbitrariamente en las prisiones castristas a lo largo de la isla y en
sus familiares; al pensar en los fusilados; al pensar en que los
valientes esfuerzos de nuestros compatriotas en la isla no habían sido
en vano…
Y de otra parte, furia. Furia porque habían perdido; porque sus
violaciones no habían encontrado terreno fértil en la impunidad; porque
los recursos enormes desplegados no habían producido los frutos que
esperaban; porque a pesar de la composición de la Comisión, no habían
logrado los votos suficientes que creían tener seguros; porque el
resultado de la votación constituía la denuncia y el dedo acusador de un
pueblo que se levanta erguido ante el opresor…
22 votos a favor; 21 en contra; 10 abstenciones. Y de los 11 países de
nuestro Hemisferio que integran la Comisión, 7 votos a favor. Chile,
Costa Rica, República Dominicana, Guatemala, Honduras, México y Perú
votaron por el pueblo cubano. Argentina, Brasil y Paraguay se
abstuvieron. Solo el régimen castrista votó a su favor y en contra de la
Resolución. Solo ellos…que ejercen su poder en contra del pueblo que
oprimen…votaron que no.
El voto en Ginebra no es fácil. La Comisión no es fácil, y todo no es lo
que se supone que deba ser. Es por eso que le damos tanto valor a esta
votación – que representa un verdadero triunfo, si se tiene en cuenta
los factores expresados.
Por eso debemos reconocer los esfuerzos realizados por todos los que –
de una forma u otra – contribuyeron a lograr esta gran victoria.
Ante todo, debemos reconocer a nuestros hermanos en la isla –
prisioneros políticos y sus familiares, miembros de los movimientos
opositores democráticos y activistas de derechos humanos, que con mucho
coraje y valor enviaron cartas desde el presidio y denuncias para que
fueran llevadas a la Comisión en las manos y voces del exilio cubano.
Debemos reconocer el compromiso de la administración del Presidente Bush
a través del trabajo que realizó la delegación de los Estados Unidos. No
solo nombraron a un cubano ejemplar en la persona del ex prisionero
político Luis Zúñiga para que formase parte de la delegación oficial,
quién con elocuencia y gran conocimiento habló en todos los puntos y
replicó ante el pleno de la Comisión a todas las mentiras, difamaciones
y desinformación contenidas en las intervenciones de la delegación
castrista - sino que todos y cada uno de sus integrantes, encabezados
por el Embajador de los Estados Unidos a la Comisión de Derechos Humanos,
Richard Williamson, trabajaron arduamente y dedicaron sus mejores
esfuerzos a la defensa de los derechos de nuestro pueblo.
Debemos también reconocer a todos los exiliados cubanos - miembros de
numerosas organizaciones - y amigos solidarios de otros países, que
dedicaron su tiempo y recursos para hacer presente la realidad cubana en
Ginebra y contribuir con sus testimonios al logro de la Resolución – al
igual que a todos los que utilizaron todos sus contactos en llegar a las
más altas esferas de los países miembros de la Comisión, para hacerles
ver la importancia de colocarse al lado del pueblo cubano emitiendo un
voto a favor de la Resolución. Sé que ellos no necesitan reconocimiento,
porque todos se sienten privilegiados de haber podido contribuir. No los
menciono porque son muchos, y no quiero dejar de mencionar a ninguno.
Ellos saben quiénes son y todos son parte importante de esta victoria.
Antes de que pudiésemos asimilar en todo su alcance el resultado de la
votación y sus implicaciones, fuimos testigos de un “acto de repudio”
impulsado por esa furia contenida de los que no tienen la razón. A la
salida de la Asamblea General de las Naciones Unidas, dentro del Palacio
de las Naciones, ante los ojos atónitos de los guardias de seguridad
suizos y las delegaciones diplomáticas y gubernamentales de los estados
miembros de la Comisión, uno de los nuestros era golpeado violentamente
por la cabeza por un miembro de la delegación castrista.
Ante el impacto del fuerte golpe, Frank Calzón caía al suelo, donde
permaneció inconsciente por unos minutos… mientras la delegación
castrista o, mejor dicho, la turba castrista – visiblemente enfurecida –
no dejaba de gritar insultos contra él y contra todos los que
representamos el campo contrario al campo de los que matan, encarcelan y
oprimen a nuestro pueblo.
Allí, en el Palacio de las Naciones, con la imagen de un hombre golpeado
e inconsciente en el suelo, sentimos un fuerte estremecimiento y un
profundo dolor en el corazón.
Una pregunta inquietante acaparaba la atención de nuestras mentes: Si
son capaces de hacer esto en la sede de la Comisión de Derechos Humanos,
de que no serán capaces en las lúgubres prisiones castristas?
Y, allí, en una tarde de victoria para Cuba y de reafirmación de nuestro
compromiso hasta lograr su plena libertad, lloramos por nuestros
hermanos prisioneros políticos… y por el pueblo cubano! |
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