TESTIMONIO DE SYLVIA G. IRIONDO-AUDIENCIA DE “JUSTICE CUBA” (Español)

Sylvia Iriondo presentando su testimonio.

Sylvia Iriondo presentando su testimonio.

TESTIMONIO DE SYLVIA G. IRIONDO
24 DE FEBRERO DE 1996: EL DERECHO A LA VIDA
AUDIENCIA DE “JUSTICE CUBA”

15 DE NOVIEMBRE DE 207
CANNON BUILDING
WASHINGTON, D.C.

Mi nombre es Sylvia Iriondo. Soy Presidenta de Madres y Mujeres Anti- Represión (M.A.R. por Cuba}. Estaba a bordo del único avión que regresó a casa el 24 de febrero de 1996. Agradezco a “Justicia Cuba” y a todos ustedes por darme la oportunidad de testificar en esta audiencia.

Durante un tiempo, nuestra organización había estado ayudando a Hermanos al Rescate proveyendo apoyo humanitario y abastecimientos básicos a refugiados cubanos –hombres, mujeres y niños– quienes eran frecuentemente interceptados en aguas de las Bahamas por sus autoridades mientras intentaban escapar la isla-prisión en busca de libertad. Los refugiados eran internados en el Centro de Detención Carmichael de Nassau, Bahamas. Sus necesidades eran grandes y su situación era desesperada. Voluntarias de nuestra organización se turnaban para acompañar a Hermanos al Rescate en sus misiones humanitarias semanales.

El sábado 24 de febrero de 1996 se suponía que no fuese diferente a otros sábados anteriores para Hermanos al Rescate.

Debido a circunstancias fuera de nuestro control, fuimos informados el día anterior por José Basulto, el Presidente de la organización, que el vuelo había sido cancelado y que el permiso para visitar el centro de detención había sido denegado por el gobierno de las Bahamas debido a que una delegación del régimen castrista se encontraría allí.

Los miembros de MAR que estaban programados para volar ese sábado fueron inmediatamente notificados de la cancelación del vuelo.

Ese mismo viernes en la noche, numerosas organizaciones exiliadas políticas se daban cita en el Hotel Hyatt de Coral Gables para apoyar a Concilio Cubano, una coalición de más de 130 organizaciones activas de los grupos de oposición cívica en la isla que habían solicitado permiso para reunirse el 24 de febrero -al margen del régimen—para ejercitar sus derechos fundamentales de libre asociación y de libertad de expresión.

El régimen castrista respondió a la petición de Concilio Cubano desatando una violenta ola represiva que resultó en la encarcelación de muchos activistas democráticos y de derechos humanos. Nuestro rol en el Hyatt esa noche consistía en alzar nuestras voces para denunciar estas flagrantes violaciones y para exponer la naturaleza totalitaria de la dictadura, en solidaridad con la valiente resistencia cubana en la isla.

Fue en el Hyatt esa noche donde Hermanos al Rescate acordó llevar a cabo un vuelo de salvamento de vidas en el Estrecho de la Florida ese sábado 24 de febrero de 1996.

Se habían divisado algunas balsas con refugiados cubanos en el Estrecho recientemente y la fecha del 24 de febrero es muy importante para el pueblo cubano, ya que conmemora la lucha de Cuba por su independencia de España en 1895, razón por la cual Concilio Cubano escogió el día para reunirse entre cubanos con el objetivo de aunar esfuerzos en aras del cambio democrático en la isla.

Armando, mi esposo Andrés y yo nos ofrecimos como voluntarios en ese vuelo. Pudo haber sido algunos de los muchos otros voluntarios quienes a través de los años habían acompañado a Hermanos al Rescate en aproximadamente 2,000 vuelos humanitarios que lograron salvar más de 5,000 vidas. Así fue como nosotros tres acompañamos a Basulto, Arnaldo Iglesias, Carlos Costa, Mario Manuel de la Peña y Pablo Morales en ese vuelo del 24 de febrero de 1996.

Las tres avionetas despegaron una detrás de la otra del hangar de Hermanos al Rescate en Opalocka entre la 1:15 y la 1:30 de la tarde.

Era mi primer vuelo humanitario de búsqueda y rescate. Me sentía entusiasmada ante la posibilidad de poder ayudar a salvar una vida, y concentrada en escudriñar el vasto océano con la esperanza de localizar esa diminuta marca en el agua que podría alertarnos a la presencia de una frágil balsa con cubanos enfrentando una peligrosa situación en alta mar y necesitados de auxilio urgente. También estaba viendo a lo lejos el horizonte de las siluetas familiares de lo que había sido una vez el paisaje de mi vida. El día era precioso. El mar era de un azul transparente y estaba en calma. No habían muchas nubes en el cielo y el sol brillaba radiante.

Nuestras tres avionetas permanecían en comunicación constante. También podíamos escuchar las comunicaciones del tráfico en el área a través de nuestros auriculares.

De repente y sin previo aviso, vimos una sombra pasar frente a nuestra avioneta a vertiginosa velocidad. Entonces otra. Vimos lo que parecía como una luz de bengala y una pequeña línea de humo a lo lejos. Recuerdo escuchar a Basulto decir, “Nos van a tirar”, y recuerdo asimismo preguntarle incrédulamente, “¿qué nos van a tirar”?, como diciendo, “estás bromeando”. Eran “Migs”, aviones de guerra que el régimen había desplazado para cazarnos.

Inmediatamente perdimos la comunicación con la avioneta piloteada por Carlos Costa con Pablo Morales a bordo. Una y otra vez Mario Manuel de la Peña y Basulto, pilotos de las otras dos avionetas, trataron de establecer contacto, sin lograrlo. Eran las 3:21 de la tarde.

Entonces vimos una segunda cortina de humo, esta vez más ancha, y vimos lo que parecían ser llamas. Eran las 3:27 de la tarde. Simultáneamente, perdimos comunicación con la avioneta piloteada por Mario Manuel de la Peña con Armando Alejandre a bordo. A pesar de repetidos intentos por comunicarnos con Mario Manuel, no obteníamos respuesta. Silencio absoluto. Tomé la mano de mi esposo mientras buscaba mi rosario en la cartera y comencé a orar.

En lo que debieron haber sido segundos o minutos, mi vida se proyectó ante mí. Le dije adiós a mi madre, a mis hijos, a mi familia, a mis seres queridos. Me despedí de todos. El silencio era ensordecedor. Recuerdo haber pensado que a lo mejor era el silencio de la muerte y que seguramente estábamos ya muertos… Más tarde supe que el silencio se debía a que los auriculares habían sido desactivados. ¡Todo pasó tan rápido!!!

Mientras transcurrían minutos que se hacían eternos y ya rumbo norte, Basulto estableció comunicación con nuestra torre de control y declaró la emergencia. A pesar de temer lo peor, manteníamos aún viva la esperanza de volver a escuchar sus voces en cualquier momento.

Al principio, nos instruyeron a proceder hacia Cayo Hueso. Cuando estábamos a punto de dirigirnos hacia allá, Basulto le informó a la torre que iríamos directamente a nuestra base en Opalocka, donde se encontrarían las familias y los miembros de Hermanos al Rescate esperándonos.

Días después pudimos escuchar las cintas con las grabaciones de las conversaciones entre la torre de control en Cuba y los pilotos de los “Migs”, en la sede del Buró Federal de Investigaciones (FBI) en el Edificio del Departamento de Justicia de Miami.

Escuchamos a los pilotos de los ‘Migs’ regocijarse en sus comunicaciones con su torre de control. Sus cobardes voces de desdén y júbilo mientras disparaban misiles de aire a aire y celebraban con malas palabras el derribo de avionetas pequeñas, civiles e indefensas, con total desprecio por las vidas humanas, aún repican en mis oídos.

Fue a través de esas grabaciones que por primera vez realizamos que un segundo par de ‘Migs” habían sido enviados a perseguirnos en lo que constituyó una cacería para derribar también nuestra avioneta. Las grabaciones documentan el momento en que la torre de control de Cuba imparte instrucciones a sus pilotos de identificar visualmente nuestra avioneta.

Una vez que logran establecer contacto visual y la tercera avioneta es identificada como un Cessna azul pálido, luego de un prolongado silencio, se escucha una voz de mando desde la torre de control de Cuba que ordena a los ‘Migs’ a abortar la misión. Para entonces e increíblemente, los ‘Migs’ ya se encontraban a apenas tres minutos de las costas de los Estados Unidos.

Como recoge la historia, solamente una de las tres avionetas regresó a la base ese 24 de febrero de 1996, con cuatro de nosotros a bordo como testigos improbables de un horrendo crimen cometido con premeditación, a sangre fría y en plena luz del día. Los Castro –Fidel Raúl– ordenaron el brutal derribo, lo cual posteriormente admitieron públicamente.

Fidel y Raúl Castro fueron los responsables directos de los asesinatos en espacio aéreo internacional de tres ciudadanos americanos y un residente legal de los Estados Unidos, cuyo único objetivo era el de asistir y rescatar a cubanos en peligro de muerte.

En ese fatídico día –ante los ojos del mundo– la naturaleza criminal del régimen castrista; su total falta de respeto a procedimientos, normas y leyes internacionales; su desprecio hacia la vida humana, así como su brutal aparato represivo, se hicieron evidentes una vez más.

Carlos Costa, Armando Alejandre, Mario Manuel de la Peña y Pablo Morales eran jóvenes llenos de sueños y de ideales, que representaban lo mejor de sus generaciones. Sus vidas fueron arrancadas por el odio y la maldad de la tiranía castrista, mientras trataban de salvar las vidas de otros seres humanos en lo que constituye una de las acciones más nobles de la humanidad. Tenían familias que sufren el dolor de su ausencia y que aún esperan porque se haga justicia.

Carlos, Armando, Mario Manuel y Pablo fueron asesinados el 24 de febrero de 1996. Sabemos los nombres de los responsables. Hasta hoy, este atroz crimen de ‘lesa humanidad’ permanece impune.

Señoras y señores, hay una pregunta que merece y exige una respuesta inequívoca:

¿Que más hace falta para que se haga justicia y para que se llame a estos asesinos por sus nombres?

Gracias.

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