HONOR A QUIEN HONOR MERECE EN MARZO, EL MES DE LA MUJER.

Albertina O'farrill

 

Albertina O'Farrill

Albertina O’Farrill

Albertina O’Farrill

En este día y durante el mes de marzo, M.A.R. por Cuba rinde tributo de recordación a la exprisionera política e insigne cubana, recientemente fallecida, Albertina O’Farrill.

Albertina murió en octubre de 2016 a los 95 años sin haber podido regresar a la Patria -ya libre- a cuya libertad dedicó su vida. Nació en La Habana el 19 de junio de 1921, perteneciente a una prominente familia de descendencia irlandesa. Cursó sus estudios en Cuba y Estados Unidos. Vivió 4 años en México, donde ayudó a la resistencia francesa durante la Segunda Guerra Mundial. Hablaba cuatro idiomas y su magnífica educacion le sirvió para desempeñarse en diferentes cargos en los ministerios de Defensa y Estado de la República de Cuba. Se casó con Rafael Montoro y se mantuvo muy activa a favor de organizaciones caritativas y causas benéficas en la isla.

Cuando triunfa la Revolución castrista en 1959, a pesar de que la mayoría de sus amigos se iban al exterior, Albertina tomó la decisión de quedarse en Cuba con su madre e hijos para seguir luchando por ella. La separación termina con su primer matrimonio. En medio de la zozobra política constante, llega el día en que decide separarse de sus hijos para protegerlos y los envía a reunirse con su padre en Holanda, donde este fungía como embajador en la misión diplomática de Cuba. Con Polita y Mongo Grau se dedica a ayudar a sacar a los niños de Cuba mediante la Operación Pedro Pan. Ayuda a salvar a cubanos condenados a ser fusilados en los paredones de fusilamiento. En 1964 muchos de sus compañeros caen presos; entre ellos, Polita Grau y Margocita Calvo.

Por sus actividades en contra de la Revolución, el 27 de abril de 1965 es encarcelada, demorándose su juicio dos años, siendo condenada “por convicción”. Pasó seis meses en la Seguridad del Estado, donde estuvo mes y medio incomunicada; año y medio en la cárcel de Guanajay y cumplió 14 años en presidio, donde sufrió en carne propia el rigor de la prisión, las vejaciones, las torturas, los interrogatorios, las condiciones infrahumanas a las cuales estaban expuestas esas mujeres cubanas que integraron el presidio político cubano y que fecundaron –con su ejemplo y valentia- los valores de la nación cubana. Es en prisión donde conoce a su segundo esposo, recién excarcelado –José Enrique “Cucú” Bringuier– quien la visita en la cárcel.

Albertina fue muy respetada y querida por sus compañeras de prisión. “La tenían como una madre porque nunca perdió la compostura y, a pesar de todo el sufrimiento, siempre tuvo palabras de compasión y aliento para sus amigas y compañeras de suerte”, declaró Rodolfo Rodríguez San Román, hermano de Aracelis Rodríguez San Roman, quien cumplió prisión junto a Albertina.

Finalmente, Albertina llegó al exilio en 1979, luego de cumplir su condena. Así resumió su nieta, Diana Brooks, la vida de Albertina y el encuentro en el destierro: “Siempre estuvo luchando por Cuba y peleando por todos. Era una apasionada de la vida. Recuerdo el día en que llegó de Cuba en 1979. Cuando yo nací, ella estaba presa. Nunca la había visto hasta que como a la una de la mañana me desperté al sentir las lágrimas de alguien que empapaban mi cara. Toda la familia estaba en mi cuarto y frente a mí estaba ella, la misma que salvó a miles de niños, que me decía llorando: ¡Soy tu abuela! ¡Soy tu abuela!

Que descanse en paz Albertina, insigne mujer cubana, a quien tuvimos el privilegio de conocer.

(Datos tomados del testimonio de Albertina en el libro “Todo lo dieron por Cuba” de Mignón Medrano, y del articulo-obituario en El Nuevo Herald de Mario J. Pentón).

“El futuro de Cuba tiene rostro de mujer, porque en sus entrañas germina la semilla que fecunda Patria y el embrión de valores que la sustenta”.  Sylvia Iriondo

 

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