Cubanos del Éxodo del ‘94 se reencuentran veinte años después.

Sylvia Iriondo, Presidenta de MAR por Cuba, destacando la labor desarrollada por el exilio cubano para lograr que los balseros salieran de la Base de Guantánamo. La acompañan Marisela Pompa, Vilma del Prado, María Eugenia Cosculluela e Isela Fiterre.

Sylvia Iriondo, Presidenta de MAR por Cuba, destacando la labor desarrollada por el exilio cubano para lograr que los balseros salieran de la Base de Guantánamo. La acompañan Marisela Pompa, Vilma del Prado, María Eugenia Cosculluela e Isela Fiterre.

Después de compartir una precaria balsa para salir de Cuba y construir un pueblo en la Base Naval de Guantánamo, muchos quedaron como amigos; otros no se vieron nunca más.

En cualquier caso, la reunión de este 20 de agosto en el parque Amelia Earhart de Hialeah, ha sido la ocasión propicia para reencontrarse y sacarse del pecho todas esas historias que han contado a pedacitos ya por dos décadas.

La fuerza de los cubanos de Miami

“Si el exilio no se hubiese unido, nosotros no hubiésemos podido entrar”, comenta Alicia García, presidenta de la Fundación Éxodo ’94 y organizadora del evento.

Silvia Iriondo, de la organización Mar por Cuba, destacó el papel decisivo que desempeñaron los cubanos del exilio para atender a los cubanos en la base y que, finalmente, el gobierno permitiera su entrada oficial a territorio estadounidense.

“Gracias a los esfuerzos de nuestros congresistas, de los miembros de esta comunidad cubanoamericana y de las organizaciones patrióticas del exilio cubano, al final vinieron todos y nos sentimos muy orgullosos de haber sido una parte importante de ese esfuerzo,” apuntó Iriondo.

Uno de los primeros periodistas en reportar desde la base, el hoy alcalde de la ciudad de Miami, Tomás Regalado, recuerda que la principal preocupación de los balseros era que sus familiares supieran que estaban a salvo. Cada sábado, durante tres meses, Regalado llegaba a Miami con un paquete de mensajes para las familias, que serían trasmitidos por la radio.

Tras meses de preparación, García no puede creer que el día haya llegado. Su único deseo es que este sea el comienzo de una nueva tradición entre el exilio cubano de Miami: la celebración del día oficial del balsero, una conmemoración, sobre todo, a aquellos que se perdieron en el Estrecho de la Florida en busca de una mejor vida.

Para todos todos los presentes en este evento, ser balsero es un orgullo. Balsero es sinónimo de valentía, desesperación, un poco de inocencia, pero sobre todo, de ansias de libertad.

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